La brújula del tiempo

 

He surcado la vida cual navegante, con brújula incierta y mar tempestuoso. He visto la aurora pintar el amanecer, y el ocaso teñir el cielo de rojo.

He amado con fervor, he llorado con pena, he reído con gozo, he luchado con fuerza, he sembrado ilusiones en la tierra buena, y he cosechado los frutos de mi siembra.

Los años me pesan como anclas, y el tiempo se escurre cual arena entre los dedos. La memoria se vuelve un caleidoscopio, de recuerdos fragmentados y sueños serenos.

Y ahora, al final del viaje, me pregunto, cuál era el sentido de esta travesía. ¿Acaso la búsqueda de un tesoro oculto? ¿O tal vez la simple aventura de vivir cada día?

Quizás el sentido no sea un destino final, sino un camino trazado con pasos ligeros. Un viaje de aprendizaje, de amor y de amistad, de sueños compartidos y de anhelos sinceros.

Y al llegar al final, con la mirada serena, comprendo que el sentido de la vida no es un enigma. Es el legado que dejamos en la tierra buena, el amor que sembramos y la huella que anima.

Es la luz que encendimos en la noche oscura, la esperanza que brindamos a un corazón afligido. Es la sonrisa que dibujamos en un rostro impuro, el canto que entonamos al viento sin ruido.

La vida no tiene un final, solo un nuevo comienzo, un ciclo que se repite en la danza eterna.

Somos polvo de estrellas y al polvo regresaremos, pero el amor que sembramos, en la tierra germina.

He amado, he luchado y he reído, he sentido la brisa y el sol en mi piel. He navegado por mares de sueños y he vivido siendo fiel a mis principios.

Y ahora, al final del camino, puedo decir que el sentido de la vida no es un misterio. Es el amor que entregamos, la alegría que sembramos, la huella que dejamos en este breve misterio de existir...

Escrito por: Geca

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